sábado, 25 de agosto de 2012

Las economías primarias exportadoras latinoamericanas durante el siglo XIX

Durante las segunda mitad del siglo XIX Gran Bretaña, Francia, Alemania y Estados Unidos se especializaron como productores de manufacturas industriales. Mientras, las economías de los países latinoamericanos se incorporaron al mercado capitalista mundial como compradoras de los productos industriales, a la vez que producían alimentos y materias primas destinados a los centros industrializados.
Así, en el sistema capitalista internacional se fueron diferenciando los centros de las periferias. A la vez, en cada país latinoamericano se iniciaron profundas transformaciones internas vinculadas con la utilización, disponibilidad y propiedad de las tierras, la inversión en capitales, el comercio exterior, la infraestructura y las comunicaciones.
En todo el continente se fue desintegrando el sistema de trabajo esclavo y se generalizaron las relaciones asalariadas de producción. En algunos países, los capitalistas locales lograron mantener el control nacional de la tierra y del sector productivo. En otros, las producciones para la exportación quedaron en manos de capitales extranjeros y se constituyeron verdaderos enclaves económicos. Este proceso estuvo acompañado de una reorganización de las instituciones políticas, fuertes tensiones y conflictividad social.
En su obra La economía latinoamericana: desde la conquista ibérica hasta la revolución cubana, el economista brasileño Celso Furtado (1920 - 2004) tipificó o clasificó a las economías latinoamericanas exportadoras del siglo XIX en tres grupos: de productos primarios agrícolas de clima templado (carne y cereales), de productos primarios de clima tropical (azúcar, cacao, tabaco, café) y de productos minerales (cobre y estaño, entre otros).


viernes, 24 de agosto de 2012

La economía feudal en la Europa medieval

A partir del siglo III d. C., diferentes oleadas de pueblos provenientes del Este fueron llegando al territorio que dominaba el Imperio Romano. Las migraciones continuaron durante la Edad Media y sus principales protagonistas fueron los germanos, los musulmanes, los húngaros, los normandos y los daneses.
Esas incursiones masivas en la región del Mediterráneo - muchas de ellas violentas - alteraron las formas tradicionales de vida de las poblaciones que ya estaban allí asentadas. Entre otros cambios, se debilitó el comercio, y la actividad económica se fue centrando cada vez más en el feudo como unidad productiva agropecuaria.

Los feudos eran relativamente autosuficientes y todas las tareas que permitían la subsistencia del conjunto de la sociedad las realizaban campesinos sometidos a un régimen de coerción laboral.
En el interior de cada feudo se diferenciaban dos tipos de terrenos: la reserva señorial, en la que los siervos debían trabajar obligatoriamente (llamada "serna"), y el conjunto de las pequeñas explotaciones familiares (o "mansos"), de las que disponían los campesinos para su propio sustento.


La difusión del  conocimiento en los inicios de la Modernidad

Durante la Edad Media la difusión de las ideas y el conocimiento estuvo restringida a muy pocas personas. Los únicos que tenían acceso al saber eran los monjes copistas, quienes transcribían a mano los textos antiguos, que prácticamente no tenían difusión.
Algunos monasterios cristianos se dedicaron al cuidado y la reproducción de las obras de los autores de la antigüedad grecorromana. Así, las bibliotecas cristianas preservaron el conocimiento antiguo y las obras de los teólogos cristianos contemporáneos. Al mismo tiempo, fueron las autoridades eclesiásticas las que decidían qué textos y qué ideas podían circular y difundirse, y cuáles no.
En el siglo XV se desarrolló en Europa un instrumento más eficaz para reproducir y difundir escritos: la imprenta de tipos móviles, creada por el alemán Johannes Gutenberg. Gracias a este invento, los intelectuales europeos contaron con un instrumento para divulgar los escritos de la Antigüedad clásica.







Los sumerios

En el sur de la Mesopotamia asiática, en la zona en la que desembocan los ríos Tigris y Éufrates, durante el cuarto milenio a.C. se estableció un pueblo cuyos habitantes fueron conocidos con el nombre de sumerios o súmeros. Este pueblo se dedicó a practicar la agricultura y realizó importantes obras de riego. Los sumerios hablaban una misma lengua y compartían tradiciones, prácticas económicas y creencias religiosas. Sin embargo, se organizaron en ciudades-Estado independientes entre sí.
En las antiguas ciudades sumerias, los grupos privilegiados controlaban las tierras de cultivo circundantes, en las que trabajaban agricultores, hombres libres que tenían la obligación de entregar tributos. Fueron frecuentes las guerras entres estas ciudades-Estado, como concescuencia del interés de cada una por ampliar las áreas de cultivo bajo su dominio.


La organización del trabajo y el poder en la sociedad sumeria


Los templos sumerios - llamados zigurats - fueron los centros organizadores de la vida económica de las ciudades - Estado. Poseían granjas para el cultivo y la cría de animales, talleres artesanales y depósitos para el almacenamiento de la producción. Los agricultores residentes en las zonas rurales, lindantes con los centros urbanos tenían la obligación de entregar tributos en productos y en trabajo a los sacerdotes que dirigían los templos.
Desde el templo se establecían relaciones comerciales con otras ciudades sumerias e incluso con regiones más alejadas, como Egipto y Asia Menor.
Los templos también organizaban diferentes tipos de trabajos que debían desempeñar hombres libres, a los cuales se les entregaban tierras para cultivar y a  los que, además, se les exigía el servicio militar en caso de guerra.
Los palacios eran las residencias de los reyes, a quienes se consideraban representantes de un dios. La lucha entre las distintas ciudades sumerias por el dominio de las tierras cultivables llevó a los reyes a concentrar funciones militares y a competir con el poder de los sacerdotes.
Los reyes eran responsables de organizar la defensa de la ciudad, de administrar la distribución de las tierras y de la construcción de canales de riego.